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Más allá de la urgencia: donar sangre como compromiso social

No dones solo cuando hay alarma. Dona siempre que puedas

Lo mismo sucede cuando vemos en los medios largas colas de personas dispuestas a donar sangre tras un gran accidente o un atentado. Así ocurrió recientemente con el terrible suceso ferroviario de Adamuz, Córdoba. En los peores momentos, la solidaridad aflora con fuerza. Sin embargo, olvidamos que la tragedia también existe en el día a día: cada jornada, hospitales de todo el país atienden enfermedades y accidentes que requieren sangre de manera constante. Y esa necesidad no aparece solo cuando saltan las alarmas.

Un joven donando sangre, simboliza el compromiso social en la donación habitual.

A menudo esperamos a que nos avisen de que las reservas están bajo mínimos para acudir a donar, como si la realidad hospitalaria solo existiera en situaciones extremas. Pero cualquiera de nosotros, o de nuestros seres queridos, puede necesitar una transfusión en cualquier momento. La diferencia es que entonces la urgencia ya no es colectiva, sino personal.

La urgencia no debe crear donantes; la conciencia, sí.

Ser donante no es solo un gesto de solidaridad, sino un compromiso regular. Donar sangre requiere menos de una hora, cuatro veces al año para hombres y tres para mujeres. Según datos del Ministerio de Sanidad, en 2024 se realizaron 1.678.335 donaciones, con una media de 1,52 por donante y un índice medio de 35,37 por mil habitantes. Sin embargo, la mayoría de los donantes son de 46 a 55 años, y los jóvenes de 18 a 25 años representan el porcentaje más bajo, lo que dificulta el relevo generacional.

No es falta de solidaridad juvenil, sino falta de fidelización. Muchos donan una o dos veces y no regresan. Si esta tendencia continúa, el sistema podría enfrentarse en el futuro a un déficit de hemoderivados.

La sangre no puede fabricarse ni sustituirse artificialmente. Solo puede obtenerse mediante la donación voluntaria y altruista. Por eso, más allá de reaccionar en situaciones límite, es imprescindible normalizar la donación como un acto habitual de responsabilidad social.

Donar sangre no es un gesto heroico reservado para las emergencias: es un compromiso sencillo, regular y silencioso que salva vidas cada día. Fidelizarse con la donación es entender que la solidaridad no debe depender de la alarma, sino de la conciencia.

Pablo de Paz Molero

Donante de sangre y Vocal en la Asociación de Donantes de Sangre de Gijón

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